Yo no sé si algún lector de este blog piensa que la música en España está hecha una mierda. Una mierda seca. Pero yo sí lo pienso. Me refiero al panorama musical, a la industria, la parafernalia, el mundillo, la movida, la…[voy a tomarme un Phoskito]..por lo que a continuación, con muchísimo respecto y humildad, a la par que altas dosis de mala hostia…voy a opinar.
¿Qué por qué opino? ¿Qué quién soy yo para opinar? Queridos lectores: si son Ustedes españoles o residen en España; si son Ustedes usuarios de televisión y/o no temen acercarse habitualmente a la prensa escrita nacional; si se relacionan con otros homínidos en sus lugares de trabajo, comunidades de vecinos, familias; pues joder, supongo que entenderán que yo, un borrego más, ejerza mis stock-options de opinión (si lo pronuncias en inglés todo seguido, te meas de risa) sobre lo que me salga de la entrepierna.
Por tanto, allá vamos. Sean clementes en sus juicios y valoraciones de este escrito. O insúltenme, me da igual. Gracias, estimados David y Diego, por cederme tan noble tribuna para despacharme bien a gusto.
A mí me gusta la música. Escucho música e intento crearla. Llevo más de media vida relacionado de alguna manera con la música [riquísimo el Phoskito]. Nada quiere decir esto, porque parte de las cosas que escribiré ni siquiera tendrán sustento en mi experiencia directa, o en el rigor periodístico, o en la observación imparcial. No, pero ya decía antes que Belén Esteban opina de lo que le sale de su maltrecha nariz con el mismo criterio que un mapache ebrio, y tiene más de un millón de televidentes asegurando.
Creo que la mejor manera de abordar el tema es…por partes. Original, sí…(pobres mapaches). Si voy a desahogarme, mejor hacerlo por partes y de manera ordenada. Ustedes, si han sido tan amables de leer hasta aquí y tienen intención de continuar, no merecen erupciones magmáticas de tonterías.
Así que sí, lo haremos por partes. Empezamos hoy con:
LA SGAE
Sociedad General de Autores y Editores. Abro una cita textual, extraída de la página web oficial de la entidad (o lo que coño sea):
“es una entidad de gestión colectiva dedicada a la defensa y gestión de los derechos de propiedad intelectual de sus más de 100.108 socios, creadores y editores musicales de todo el mundo. Su misión fundamental es la protección y reparto de la remuneración de los autores por la utilización de sus obras (reproducción, distribución, comunicación pública, transformación y copia privada). Se trata de una Sociedad privada constituida hace más de cien años y que, en la actualidad, administra un repertorio que supera los cinco millones de obras musicales, dramáticas, coreográficas y audiovisuales.” Copyright, derechos reservados y blablá.
Hablar de esta sociedad ahora es bien sencillo. Ha quedado claro el perfecto cumplimiento del “reparto de la remuneración de los autores por la utilización de sus obras”; creo que si algún lector es socio de la SGAE, sabrá bien el tipo de reparto de derechos que realiza la SGAE, basado en un clausulado de depósito de obras absolutamente injusto y demencial. En un reparto del canon abusivo.
Problema de quien deposita sus obras en semejante tugurio de ególatras criminales, claro que sí, pero que no deja de ser imputable a quien ofrece el servicio, porque el servicio está amparado por leyes estatales. Leyes a medida que, al tiempo que enriquecen a unos pocos, eximen al estado de evolucionar su ley de propiedad intelectual. Es la ley de protección intelectual la que, dotada de un registro potente que cuente con procedimientos ágiles y adaptados a los nuevos tiempos, debería garantizar medianamente que no plagien a un artista descaradamente.
¿Por qué medianamente? Porque sí, porque a veces es inevitable crear algo (escrito, hablado, pintado, tocado) que “se parece” a algo. Porque la inspiración es buena. Porque todo el mundo aprende escuchando o viendo la música o la pintura de otros. Y es que esto es precisamente lo que se quieren cargar estos amigos de la SGAE…[mi gato negro se llama Barrabás y es un cabroncete, me impide escribir…paro, tomo una cerveza y sigo cuando el minino se tranquilice].
[Ha pasado un día, qué vagancia] Hablábamos del interés de la junta directiva de la SGAE por proteger del plagio a las creaciones de los socios. Efectivamente, no creo que haya músico al que le haga gracia que un, digamos, Mikel Erentxun de la vida te fusile un tema. Claro, obvio. O sea, que esta todo explicado. A la SGAE se la suda que alguien, siquiera sea uno de sus miembros más afamados, plagie descaradamente una canción de otro, aunque también sea miembro y/o tenga menos fama. Lo que importa a la SGAE es recaudar para repartir.
Y claro está el desmadre que ha generado el famoso reparto. No quiero abundar en algo que los medios ya se han inflado a comentar. Unos ladrones de mierda, punto. Gente que se ha llenado la boca con las palabras arte, compromiso, justicia…y que han demostrado lo mucho que les importaba. No creo que ninguno esté tranquilo ahora. Lo siguiente que espero es la caída de Ramoncín. Y llegará.
No me extiendo más en esta primera entrega, pues ya no considero la SGAE como uno de los grandes males de la música. Además, aparecerá transversalmente en próximas entregas; en las que por cierto, hablaremos de temas tan divertidos como: DISCOGRÁFICAS, GRANDES ARTISTAS SALAS DE CONCIERTO, OPERACIÓN TRIUNFO, PRODUCTORES, LAS MINI-BANDAS.
AUTOR: DIEGO CICUTA
Vaya tela...que panorama de ladrones tenemos.
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